En estudios de diagnóstico y dos calles se les fueron 90 millones de pesos que estaban destinados a realzar la magia de este paraíso enclavado en la Sierra Tarahumara.
Chihuahua.- La magia de un pueblo radica en su riqueza cultural, natural e histórica. Vive en su gente y en la forma en que han conservado sus tradiciones a través del tiempo y pese a la modernidad.
En Chihuahua, sólo tres localidades cubrieron esas características que el gobierno federal estableció como regla para entrar en el programa federal que busca impulsar el turismo en destinos únicos: Casas Grandes, Batopilas y Creel.
Este último, ubicado en el municipio de Bocoyna, es clave para el turismo estatal. Estación Creel no sólo tiene el primer paradero de la Sierra Tarahumara de la ruta del tren Chihuahua al Pacífico (Chepe), en sus alrededores se encuentran atractivos como el Lago de Arareco, el Valle de los Monjes y las Barrancas del Cobre.
Pero el apoyo prometido para mejorar la condición de vida de sus habitantes a través del turismo llegó sólo para imagen urbana, y los principales beneficiarios fueron sólo dos calles de no más de un kilómetro, mientras el territorio de Bocoyna es de 2 mil 710 kilómetros cuadrados.
La magia de este pueblo habitado principalmente por la etnia rarámuri se apagó poco a poco con la constante pavimentación de la avenida Gran Visión, en parques que nadie usa y hoy se encuentran destruidos; se alejó de los artesanos indígenas con la remodelación de las fachadas de restaurantes y tiendas de recuerdos de la calle Adolfo López Mateos.
A los habitantes poco les preocupan las noticias nacionales que advierten el fin del programa Pueblos Mágicos con nuevas reglas de operación. Sin pensarlo mucho, aseguran que en Creel no hay un beneficio, que la ciudad cada vez está más sucia, las demás calles no tienen luz, carecen de servicios básicos y, a 15 años de que reciben recursos federales, 13 de ser declarado Pueblo Mágico, no saben en qué se ha invertido el dinero.
Ser considerado “Pueblo Mágico” durante 13 años no le ha representado a Creel, en el estado de Chihuahua, una mejoría general para su población en cuanto a indicadores de pobreza. Se han invertido más de 90 millones en lo mismo: la imagen de dos avenidas principales, donde se encuentran los grandes negocios.
La percepción de inseguridad se mantiene, las carencias para sus habitantes también y sólo unas cuantas empresas se han encargado de la obra de mejoramiento urbano, entre ellas una ligada a un funcionario de la administración de Javier Corral.
Así se desprende esta investigación de Raíchali, en la que se realizaron entrevistas a personajes claves vinculados con el poblado y de la revisión de decenas de documentos oficiales conseguidos vía transparencia.
Informó: infobae
