Los ucranianos cruzan los dedos para que de Estambul salga un acuerdo que no dinamite su país, pero que acabe con una invasión que puede reducirlo a cenizas bajo las bombas rusas.
Los ucranianos cruzan los dedos para que de Estambul salga un acuerdo que no dinamite su país, pero que acabe con una invasión que puede reducirlo a cenizas bajo las bombas rusas.